Rita Levi-Montalcini

Rita Levi-Montalcini murió el 30 de diciembre de 2012, a la edad de ciento tres años. En 2001, Carlo Azeglio Ciampi, a la sazón presidente de la República Italiana, la había proclamado senadora vitalicia.

Dedicó toda su vida a la investigación, como ella misma contó en su autobiografía, Elogio de la imperfección (1987). El libro es una especie de balance de su trabajo, que ocupa mucho espacio, pues su existencia estuvo centrada en él.

El título se refiere a los estudios que llevó a cabo la científica: «La imperfección siempre ha permitido continuas mutaciones en ese maravilloso y a la vez imperfecto mecanismo que es el cerebro humano. Considero la imperfección más acorde a la naturaleza humana que la perfección».

Sus cien años no fueron precisamente fáciles: su padre, de ideas tradicionales y contrario a la emancipación femenina, convencido de que el papel de la mujer era ser madre de familia, no apoyó su decisión de matricularse en medicina. Esa forma de obstaculizar las oportunidades femeninas la impulsó a dedicarse a algo muy alejado de los roles tradicionales.

Poco después de licenciarse en 1936, estalló la Segunda Guerra Mundial y las leyes raciales antisemitas del régimen fascista obligaron a Rita, judía sefardita, a emigrar a Bélgica con Giuseppe Levi, que había sido profesor suyo en la Universidad de Turín. No interrumpió jamás sus investigaciones; primero trabajó en el instituto de neurología de la Universidad de Bruselas y más tarde, al regresar a Turín, en un laboratorio casero.

La estancia en Bélgica no fue la única etapa de su vida que pasó lejos de Italia. Tras quedarse unos años más en su país, escondiéndose de los nazis en la provincia de Asti y en Florencia, al finalizar la guerra viajó a Estados Unidos con la idea de permanecer allí pocos meses. Pero se convirtió en docente del curso de Neurobiología de la Washington University de Saint Louis (Missouri), y no regresó a Italia hasta 1977, tras pasar un breve período en Brasil.

Cien años llenos de actividad y de grandes honores, como el premio Nobel y otros muchos reconocimientos: la proclaman senadora vitalicia, funda varias asociaciones y colabora con otras. Por ejemplo, en Roma, crea la EBRI, un instituto dedicado a las neurociencias. También es importante recordar la Fundación Levi Montalcini, que creó en 1992 junto a su hermana gemela, Paola, fallecida en 2000. Hoy en día, dicha fundación sigue implicada en la defensa de las mujeres en los países africanos y en su ayuda a la alfabetización; además, concede becas de estudio para ir a la universidad.

Levi-Montalcini, que también posee numerosos doctorados honoris causa, publicó, además de la citada autobiografía y de muchos ensayos rigurosamente científicos, varios libros que nos ayudan a comprender la aportación de esta gran mujer al mundo, no solo en el ámbito de la investigación.

Por ejemplo, El as en la manga: los dones reservados a la vejez (1998) es un ensayo sobre cómo afrontar la vejez con serenidad partiendo de consideraciones científicas que demuestran cómo el cerebro adquiere nuevas capacidades con los años. Las pioneras: las mujeres que cambiaron la sociedad y la ciencia desde la Antigüedad hasta nuestros días (2008) contiene una serie de retratos de mujeres que son modelos, ejemplos extraordinarios para las adolescentes desorientadas por las frivolidades y los miedos. Otro libro en la misma línea es Il tuo futuro (1993), así como otras obras pensadas para ayudar a los jóvenes en el difícil recorrido del crecimiento.

Otro tema que le interesaba mucho a Rita Levi-Montalcini eran las mujeres del continente negro, del cual se ocupa su asociación y sobre el que nos invita a reflexionar en el libro Eva era africana (2005).

Por último, es de justicia recordar el libro dedicado a su hermana Paola, Un universo inquieto. Vita e opere di Paola Levi-Montalcini, publicado en 2001.

El Nobel

En 1986, Rita Levi-Montalcini recibió el Premio Nobel de Medicina junto al bioquímico estadounidense Stanley Cohen. La motivación reza así: «Por el descubrimiento de los “factores de crecimiento” del sistema nervioso». Sin duda, fue un gran reconocimiento, pero llegó con más de veinte años de retraso. Pese a todo, la científica agradeció tal demora, pues si bien es cierto que, además del reconocimiento, el Nobel tiene otras ventajas, como la financiación necesaria para la investigación y otras iniciativas, no lo es menos que comporta algunas desventajas, como entrevistas, compromisos e inauguraciones, que le habrían quitado el tiempo necesario para perfeccionar sus investigaciones.

El NGF (Nerve Growth Factor), esto es, el factor de crecimiento, que es el punto básico de su descubrimiento, es un factor específico que determina el crecimiento de las neuronas. Su existencia fue demostrada en diciembre de 1952 en Río de Janeiro, al mezclar células nerviosas y células tumorales tras pasar años observando embriones de pollo, con los que la científica había llegado a «encariñarse».

Pero ¿qué es el NGF en términos que podamos comprender nosotros, los comunes mortales? En primer lugar, el descubrimiento desmontó la idea según la cual el sistema nervioso central es estático y está programado genéticamente. El NGF desempeña el papel de modulador central de todos los sistemas que tienen una función importante a la hora de regular el equilibrio entre organismo y ambiente exterior y que, en determinadas condiciones, pueden reparar los daños en los sistemas nervioso, endocrino e inmunitario.

Al proseguir los estudios, fue posible detectar que dicho factor no se limita a actuar durante el desarrollo embrional, controlando el crecimiento de las células nerviosas, sino que también desempeña un papel importante en el organismo adulto. Además, descubrieron que también estaba presente en el ovocito y el espermatozoide, es decir, en todas las fases de la vida.

Levi-Montalcini declara que el NGF es mucho más que una molécula proteica de gran actividad; es una molécula vital, sin la cual la vida se detendría. Algunos experimentos demostraron que al suministrarles el anti-NGF a los conejillos de Indias tanto antes como después del nacimiento del organismo, estos viven, pero durante poquísimo tiempo.

Los estudios prosiguen hoy en día y, con el paso de los años, los descubrimientos mencionados se han ido aplicando en distintos ámbitos. Por ejemplo, el resultado de la solución en los ratones parece demostrar la capacidad del NGF para detener el avance del Alzheimer; también podría ser útil en los tratamientos de otras enfermedades degenerativas, como el Parkinson y la esclerosis lateral amiotrófica.

Sobre todo en los últimos veinte años, numerosas investigaciones han demostrado que el NGF podría tener un papel importante a la hora de controlar los factores de crecimiento implicados en enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple, la psoriasis y algunas formas de artritis reumatoide. Por otra parte, se ha demostrado su relación con las defensas del organismo, gracias al estímulo que dicho factor ejerce sobre las células inmunitarias llamadas «mastocitos», así como al descubrimiento de que facilita la replicación del virus del sida en las células nerviosas.

Gracias al NGF se reactivaron las células estaminales de las neuronas y también supuso una ayuda para el funcionamiento cardíaco tras un infarto. Además, se logró un espray eficaz contra las úlceras de decúbito.

Por otra parte, el NGF ha creado un contacto entre la medicina oficial occidental y la medicina china en lo tocante al estudio de enfermedades inflamatorias y neurodegenerativas. Por si fuera poco, un estudio de la Universidad de Pavía ha localizado en esta «molécula factótum» el motor del enamoramiento y la pasión.

La propia Rita Levi-Montalcini reconoció que lo utilizaba todos los días, en forma de gotas, para los problemas de vista propios de su avanzada edad.

Lo malo es que producir NGF en el laboratorio supone unos coses enormes y las empresas farmacéuticas no lo harán hasta que, según dijo la científica, «les garanticen la certeza del método». Levi-Montalcini insistió durante años para empezar a producir NGF humano y poderlo utilizar en la investigación con vistas a su futura aplicación terapéutica. Su grupo fue el que dio el primer paso en esta dirección al obtener NGF humano de células de mariposa.

Un descubrimiento importante, que merecía plenamente el premio Nobel. Sin embargo, aún es precisa la generosidad total de personas dispuestas a dedicar su vida a la investigación para la puesta a punto de un método científicamente reconocido, que dé la posibilidad de utilizar esta «molécula todoterreno» para mejorar las condiciones cotidianas de muchas personas. Esta habría sido la mayor satisfacción para Rita Levi-Montalcini, quien entendía la vida como una oportunidad «de ayudar a los necesitados; eso es lo más importante».