No importa cuántas páginas tienes que estudiar, lo que importa es cuán difíciles son.

Aprende ahora cómo organizar eficazmente tu estudio.

Empezar una nueva actividad nueva siempre es algo que nos motiva y nos llena de expectativas, por ejemplo, cuando estamos en los primeros días de universidad nos sentimos altivos y con ganas de empezar a aprender, curiosos por lo que nos deparará el año.

Encontramos asignaturas que nos interesan, compañeros de clase que queremos conocer y nos sentimos preparados para afrontar cualquier reto, cualquier examen y cualquier trabajo. Durante las primeras semanas, cuando el contenido que tenemos que asimilar es todavía reducido confiamos más en nuestras capacidades y recordamos los objetivos que nos habíamos propuesto, por ejemplo sacar una media de 9, algunas matrículas de honor, ser más organizado, hacer más amigos, etc.

Cuando empieza el curso los profesores en las universidades siguen un plan de estudio que empieza con una introducción y que luego se va ampliando, pasando por la historia de la disciplina, de dónde viene y por qué es útil en nuestros días para después entrar de lleno en el seno de la asignatura y comenzar con las definiciones, teorías y argumentos.

Gracias a este orden podemos ir acomodando la información en cajones e ir rellenándolos a medida que aprendemos conceptos complementarios, sin embargo dejar los conceptos más complicados para el final no siempre es la mejor opción, sobretodo cuando el tiempo escasea.

Tendemos a tratar todo tipo de información en función del orden cronológico que sigue en lugar de su nivel de dificultad.

Estamos de acuerdo en que los últimos temas de una asignatura no solo son los más complicados sino que son también los más importantes y los que más cantidad de contenido tienen, pero que precisamente por ser los últimos son los que menos profundizamos y esto dificulta el estudio y la organización previa a un examen.

La mayoría de nosotros cuenta lo que tiene que estudiar en base a la cantidad de temas y de páginas, es decir, si un estudiante tiene que estudiar 700 páginas para un examen que tiene en 7 días pensará en estudiar 100 páginas al día.

Ahora bien, quisiera saber quién de todos los que se han puesto un objetivo como éste de cara a un examen lo han respetado y han estudiado fielmente esas 100 páginas al día.

Solo los más disciplinados lo habrán conseguido. A veces surgen imprevistos que no nos permiten acabar con el número de páginas previstas, otras veces nos sentimos aburridos y apáticos ante lo que tenemos que estudiar y por ello lo posponemos un día más, nos atascamos en un apartado que es más difícil de entender y al final acabamos retrasando todo el plan.

La dificultad de cada tema y de cada apartado es muy diferente.

Llegados a este punto estaríamos con los apuntes hasta el cuello, durmiendo menos cada noche para poder cumplir con las 100 páginas diarias que, a la mitad de la semana, se habrán convertido en 250.

Cuando el estrés y el miedo por no obtener un resultado aumentan dejamos de sentirnos optimistas, la confianza que teníamos al principio del curso en nuestras capacidades se va evaporando y vemos cada vez más lejos los ambiciosos objetivos que nos habíamos propuesto cuando empezamos.

Esta condición no tiene por qué seguir repitiéndose en cada convocatoria de exámenes, así que si estás cansado de que te pase siempre lo mismo, del estudio de última hora y de largas noches a base de café déjame mostrarte una solución a este problema, es mucho más sencilla de lo que te imaginas.

Vamos a invertir el orden de la situación

En lugar de enfocar el estudio en el número de páginas totales vamos a enfocarnos en el nivel de dificultad que tienen. Cada tema consta de una cantidad variable de contenido y de dificultad creciente según avanzamos en el temario y en el tiempo.

Para planificar el estudio de una asignatura tienes que aprender a organizar el contenido en el tiempo.

  1. Coge el libro y empieza a ojear rápidamente todas las páginas que tienes que estudiar, con este primer vistazo te podrás dar cuenta del nivel de dificultad que tiene cada tema o apartado. Mira la cantidad de páginas, la extensión de los apartados, cuántos hay, cuántos conceptos encuentras remarcados en negrita, etc.
  2. Después tienes que darle una nota de 1 a 10 a cada tema o apartado según el nivel de dificultad que has percibido.
  3. Divide el tiempo de estudio en función de las notas que has puesto anteriormente: no tardarás lo mismo en estudiar 100 páginas con dificultad 10 que si tienes 100 páginas con dificultad 3.
  4. Para poder dividir el tiempo primero has de tener una idea de cuánto tiempo tardas en estudiar, tanto cuando encuentras una dificultad de 10 como una de 3. Esta medida te permitirá organizarte de forma fiable y verdadera tu tiempo y poder llegar a conseguir los objetivos diarios que te propongas. Por ejemplo, si tienes cuatro horas diarias para estudiar pero tardas ocho horas para 100 páginas de dificultad 10 sabes que cada vez que encuentres ese nivel de dificultad tendrás que reducir el número de páginas o bien aumentar el número de horas.

Alcanzar un nivel de organización como éste te permitirá no verte obligado a posponer el temario y a no agobiarte por la sensación la falta de tiempo. Tendrás perfectamente estructurada la cantidad de temario que tienes que estudiar por día para conseguir tu objetivo y, además, el hecho de que el número de páginas al día vaya variando elimina la monotonía del estudio y te permite, aún poco días antes del examen, tener tiempo libre para poder hacer otras actividades que te gusten.

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