No tengo motivación para estudiar ¿qué puedo hacer?

¡La pregunta del millón! Lo que todos nos preguntamos y es que se necesita mucha constancia y disciplina para sentarse a estudiar y no levantar la cabeza de los apuntes. Si te quieres motivar para estudiar y no sabes cómo hacerlo, te invito a que leas este post.

La ciencia de la motivación para estudiar

Según Daniel H. Pink en su libro La sorprendente verdad sobre lo que nos motiva, las personas están motivadas cuando tienen:

Autonomía: a las personas les motiva no estar controlado. A todos nos agobia sentir que estamos controlados, tener la libertad de elegir cómo y cuándo hacer nuestro trabajo es un factor importante para nuestro estado de ánimo.

Dominio: a las personas le motivan dominar habilidades o materias. A todos nos gustan más las asignaturas que sentimos que se nos dan bien. Tu nivel de aptitud con una asignatura va mejorando con la práctica, por lo que requiere un esfuerzo. También es importante recordar que por mucho que practiques, la perfección no existe, aunque cuanto más se entrena, más nos acercamos a ella.

Finalidad: a las personas les motiva trabajar y dedicar tiempo a algo que tiene una finalidad. No tener claro cuál es la finalidad por la que estoy realizando una tarea, nos hace desmotivarnos fácilmente en el camino. Por ejemplo, estudiar bien para un examen de medicina te acerca a ser un buen médico y poder usar esos conocimientos para curar a las personas o incluso salvar una vida.

¿Qué es la motivación exactamente?

La motivación es un estado de ánimo que hace que la persona suba su energía para realizar acciones concretas y efectivas para el objetivo que se haya marcado. Esa energía es la que hace que la persona en concreto haga todo lo que tenga que hacer para conseguir su objetivo de la forma más eficiente posible y con la mejor actitud.

La mayoría de los estudiantes sienten que les faltan la motivación y las ganas para ponerse a estudiar.

La motivación es un factor muy importante para poder estudiar bien. Cuando tienes ganas de estudiar y estás motivado es mucho más fácil estar concentrado durante más tiempo y aprovechar mejor el tiempo. Mientras que al contrario, cuando te sientas a estudiar sin ganas ni motivación, no solo te costará más mantenerte concentrado, si no que te costará incluso sentarte a estudiar y lo pospondrás hasta el último momento.

Algo que está más que demostrado es que cuando la motivación para estudiar es fuerte, ponerte a estudiar y hacerlo bien no supone tanto esfuerzo como en otras ocasiones. Es más, se convierte en la gasolina que pone en marcha el motor para conseguir tus metas.

Encontrar la fórmula mágica para encontrar la motivación y las ganas de estudiar es esencial para lograr lo que quieres porque:

  • Te concentrarás más fácilmente.
  • Estudiarás de forma más constante.
  • Evitarás tentaciones.
  • Persistirás a pesar de un posible suspenso.
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Dos tipos de motivación para estudiar

Es importante conocer que existen dos tipos de motivación:

Motivación intrínseca

Nace de tu deseo personal por hacer algo, sin que nada del exterior te influya como una compensación como podría ser una nota concreta, un título, la opinión de los demás… Es lo que de verdad quieres hacer simplemente por el placer de hacerlo.
Es tener muchas ganas de terminar la carrera para poder trabajar en lo que te gusta o no sé si alguna vez has escuchado la frase de trabaja en algo que harías también gratis, este es el mejor ejemplo para explicar la motivación intrínseca.

Motivación Extrínseca

Al contrario de la intrínseca, esta motivación se activa a través de un estímulo externo, que normalmente aparece como una compensación como el título para terminar por fin de estudiar, que tus padres dejen de molestarte con las notas, etc.

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Cómo encontrar la motivación para estudiar

Sin embargo, motivarse para estudiar no es nada fácil, especialmente si el temario que estás estudiando no te gusta en absoluto.

En realidad, más que aprender a motivarte deberías aprender cómo estudiar para que posteriormente la motivación, entre en escena.

El método tradicional al que estamos acostumbrados desde los tiempos del colegio supone un aprendizaje largo y complicado, lo cual puede incidir negativamente en nuestra motivación.

De hecho, la motivación (recordarnos cada día por qué es importante alcanzar determinado resultado) es lo que nos permite insistir a pesar de las adversidades o perseverar cuando nos apetecería más hacer otra cosa. Una vez identificados los objetivos, es útil escribir por qué son tan importantes y qué resultados deseamos. Esa lista será nuestro «memorándum de motivación» en los trances de crisis o desánimo.
Muchas veces, para alcanzar un objetivo es necesario modificar constantemente la hoja de ruta. Sobre todo en el caso de objetivos a medio y largo plazo, es fundamental poseer un instrumento para comprobar los progresos que vamos haciendo y para saber día a día si avanzamos en la dirección correcta.

No existe una fórmula mágica para alcanzar los objetivos, pero los largos años de coaching nos han enseñado que, independientemente de los roles, las posiciones y la experiencia, todos solemos caer en las mismas trampas. A continuación encontrarás varios consejos para evitar los errores y distracciones más comunes. Aparentemente son cosas sin demasiada importancia, pero si las sumamos pueden llegar a desviar incluso a las personas más decididas.

  1. Aprende a decir que no.
    A veces, por una necesidad de aprobación o por incapacidad para delegar, nos vemos obligados a afrontar una serie de compromisos que nos distraen de los objetivos que pretendíamos alcanzar. Para decir que sí a prioridades importantes es necesario saber decir que no a las distracciones y, sobre todo, al resto de actividades, por muy urgentes que parezcan. El sistema para lograrlo es contar con un sí más grande que nos apasione.
  2. Valora tus actividades según los criterios de urgencia e importancia. Prepara una tabla y calcula qué porcentaje de tu tiempo inviertes en actividades poco importantes. De esta forma, averiguarás qué errores cometes a la hora de gestionar tu tiempo y por qué no estás satisfecho.
  3. Programa semanal.
    Haz una lista de lo que haces cotidianamente. Para ganarle al tiempo hay que planificar con antelación, resaltar las prioridades y los recursos disponibles y hacer que sean productivos. Saber con claridad qué, cuándo y cómo hacer algo significa tener hecho la mitad del trabajo.
  4. Reduce al mínimo los tiempos muertos y aprende a aprovecharlos.
    Una parte considerable del día puede volatilizarse en tiempos muertos. Desplazamientos y esperas pueden ocuparnos varias horas al día. Cuando no es posible eliminarlos, lo ideal sería aprovechar esos momentos para dedicarlos a actividades importantes: leer, repasar, llamar a un ser querido, etc.
  5. Repón fuerzas. Cuanto más tiempo les dediquemos a las actividades urgentes, más estrés vamos a sufrir. La necesidad de
    distraernos y desconectar es proporcional a nuestros compromisos y a la serie de urgencias que nos acucian. Dedicarle unas horas a la semana a actividades de ocio no es una pérdida de tiempo, sino una forma de recuperar energías mentales y físicas y de ser más productivos en el momento en que trabajamos