El cerebro también es un músculo ¿Lo entrenas al igual que haces con tus biceps?

Una vez tuve una conversación con un chico que corre maratones y me explicó la diferencia entre un deportista y alguien que hace deporte.

Quien hace deporte no vive la necesidad de superarse cada día, no se levanta pensando en ponerse unas deportivas para salir a correr veinte kilómetros cuando fuera hacen tres grados bajo cero, no se pone objetivos excesivamente ambiciosos porque teme no cumplirlos y no vive ni respira a través del deporte.

Un deportista sí, porque para él no hay nada más importante que su entrenamiento, ha descubierto el poder de su mente y de su cuerpo, y ha aprendido a utilizarlos para conseguir resultados, ha aprendido a pedirse más y sobretodo a disfrutar del camino que le lleva a la cima.

Un deportista conoce el valor del tiempo así como la importancia de la organización y la disciplina, claro que estos valores no solo son importantes en el mundo del deporte, lo son también en cualquier ámbito de nuestra vida independientemente de aquello a lo que nos dedicamos.

Aunque sepamos esto, son muchos los jóvenes deportistas que cuando empiezan sus estudios universitarios encuentran dificultades en extrapolar esos valores al estudio. La universidad es un entorno con un nivel de exigencia muy superior al bachillerato y esto requiere que los estudiantes adapten las actividades que antes tenían a su nuevo ritmo de estudio. Los alumnos que están acostumbrados a tener cientos de actividades extraescolares son los que más dificultades encuentran, debido a que al tener que dedicar un mayor número de horas al estudio se quedan sin apenas tiempo para hacer aquello que les gusta.

Los deportistas van a clase porque son disciplinados pero cuando se ha acabado el minuto de la última clase en su cabeza no hay nada más importante que ir a entrenar, y muchos de ellos entrenan varias horas cada día. Si una jornada universitaria dura unas seis horas de media y los entrenamientos otras tres horas es evidente que el tiempo que resta disponible para dedicarlo al estudio es muy poco, de ahí que muchos de ellos se encuentren entre la espada y la pared cuando tienen que preparar un examen y se sientan saturados y agobiados por un montón de información que no consiguen asimilar por haber esperado hasta el último minuto.

Muchas veces ante unas notas que se tambalean y por el estrés acumulado, algunos estudiantes se ven obligados a elegir entre aquello que les apasiona y su carrera universitaria, y lamentablemente, en estos casos las obligaciones tienen más peso sobre la balanza.

Cuando alguien elige dedicarse a una actividad, como en este caso es el deporte, es debido a que dicha actividad le aporta una serie de emociones, experiencias y aprendizajes que no encuentran en otro lugar, consiste en desarrollar un talento, en apasionarse por algo y darlo todo para conseguirlo, en sentirse el mejor en una disciplina y ayudar a otros con su ejemplo… puede ser debido a una gran variedad de razones pero lo importante es que nada debería hacerlos renunciar a esa experiencia, ni tan siquiera la universidad.

¿Por qué permitimos que esto pase? ¿Por qué tenemos que elegir entre una pasión y una carrera?

La falta de tiempo es un hecho entre universitarios, la mayoría vive su experiencia dentro de la carrera como un cóctel entre estrés, agobio y frustración porque muchas veces ni siquiera todo el tiempo del mundo es suficiente para conquistar un 10. Es normal llegar a pensar que no se pueden hacer dos cosas a la vez.

Tenemos dos opciones, podemos dejarnos ganar por el sistema y concederle el poder sobre cuatro años de nuestra vida, o bien podemos empezar a preguntarnos si existe otro camino.

Es posible que hayas conocido o visto por internet personas que consiguen grandes resultados sin restar de su agenda ninguna actividad, que saben cómo estudiar en un tiempo que te parecería imposible de alcanzar, como si su memoria fuese una cosa de otro mundo.

¿Qué has pensado en ese momento?

Si te dedicas al deporte sabes que cualquier músculo puede ser entrenado y que puedes entrenarlos hasta que consigas el resultado que quieres, solo necesitarás de un poco de tiempo y de práctica, así como de un buen entrenador.

El cerebro también es un músculo y aunque no existan gimnasios cerebrales también puede ser entrenado para explotar al máximo sus capacidades.

Cuando ves un corredor de maratones sabes que si te entrenas y aprendes la técnica correcta puedes llegar a ser como él, porque los músculos pueden entrenarse.

¿Por qué no piensas lo mismo de tu cerebro cuando ves personas que pueden aprenderse números de 50 cifras en menos de un minuto y recordarlo también al día siguiente (o de por vida), o personas que estudiando tan solo dos horas antes de un examen final sacan un 10?

Cuando hablamos de nuestra mente no estamos acostumbrados a escuchar que nuestras capacidades dependen de nuestro entrenamiento y no de nuestro talento o de nuestra identidad y que si necesitamos más tiempo para estudiar un examen no es a razón de que nosotros entendamos menos o seamos menos inteligentes sino que se debe a que no conocemos una forma de hacerlo mejor y más rápido.

Imagina que realmente tu cerebro solo necesitara de un gimnasio, de un entrenador, de una buena técnica y que después de eso empezara a correr maratones. No solo cambiaría totalmente la percepción que tienes sobre ti mismo y tus capacidades sino que además te olvidarías de tener que elegir entre tus aficiones porque una mayor capacidad equivale a un mayor rendimiento, y a poder hacer lo que antes hacías en ocho horas en una sola.

Piénsalo, ¿qué es lo que te consume más tiempo cuando estudias?

Si estudias como lo hace la mayoría estoy seguro de que primero tienes que leer los libros, si has tomado apuntes también tendrás que descifrarlos antes de poder leerlos, además si no conoces técnicas de lectura rápida es posible que sigas leyendo como lo hacías en el colegio, es decir, muy por debajo de tus posibilidades y a un ritmo bastante lento. Si has conseguido no distraerte durante la lectura entonces habrás entendido la mayor parte de la información y ahora tendrás que aprenderla, interiorizarla y memorizarla de una forma eficaz para que al día siguiente no se te mezcle con el resto de informaciones y de asignaturas. Esta segunda parte es donde los estudiantes pierden más tiempo y donde más se aburren, porque la manera en la que estamos acostumbrados a aprender y almacenar la información en nuestra memoria es repitiendo.

Aunque todos sabemos que, gracias a años de experiencia, esta forma de aprender no funciona lo seguimos haciendo y repetimos cientos de veces los argumentos, autores, fórmulas, desarrollos, etc pretendiendo que se impriman en nuestra memoria hasta el día del examen.

Es normal que estudiando de esta manera sientas que te falta el tiempo y que no puedes hacer varias cosas a la vez, pero puedes tomar otro camino porque las técnicas de memorización existen y los métodos de aprendizaje avanzado también y juntos te permiten estar al 100% también mentalmente.

Es hora de que empieces a poner a prueba tu mente y de que tomes el control de tu tiempo y tus resultados.  

Si vamos por orden según las fases que componen una sesión de estudio, la primera base que tenemos que alcanzar es la de la concentración.

Tener un buen nivel de concentración es lo que nos permite permanecer localizados en la tarea que tenemos delante y asimilar mejor y más rápidamente la información.

Funciona de la misma manera que una carrera: si por el camino nos distraemos con los pajaritos que cantan, el paisaje, la gente, etc. no llegarás nunca a terminar la carrera a tiempo.

En el estudio, la concentración es lo que te permite llegar a tu meta.

Un adecuado nivel de concentración es aquel que vivimos cuando entramos en estado alfa, es decir, cuando nuestras ondas cerebrales alcanzan una frecuencia que va desde los 8 a los 13,99 hercios y nos induce directamente a un alto nivel de concentración, óptimo para estudiar y retener la información.

Entrar en este estado de concentración no se consigue sino es con una técnica y con algo de práctica y se puede hacer de varias maneras, una de ellas es mediante la meditación, la neuroasociación y otra es gracias a una técnica especialmente ideada para el photoreading inventada por … conocida como “La mandarina”.

Esta técnica, pese a su particular nombre, es una de las más eficaces y rápidas para concentrarte, así que prepárate porque empezamos con la parte práctica.

Esta técnica se llama de esta manera porque tiene como protagonista a una mandarina, ahora lo descubrirás. La mandarina consta de una serie de pasos que tendrás que imaginar y visualizar con los ojos cerrados, a continuación te describiré uno tras otro así que te aconsejo que primero los leas todos y luego empieces el ejercicio sin interrumpirlo.

    1. Cierra los ojos. Imagínate que tienes una mandarina entre las manos. Concéntrate en los detalles de esta mandarina, en su consistencia y la rugosidad de su piel, como si pudieras sentirla. Siente su peso, visualiza su color y enfócate en cada mínimo detalle añadiendo tantos detalles como sea posible. Intenta percibir su olor, nota su temperatura si está caliente o fría.
    2. Imagina que pasas la mandarina de una mano a la otra. Pásala entre tus manos. Lánzala de una mano a la otra fiándote en cada detalle. Intenta reducir la velocidad de la imagen para poder ver todos sus detalles y pormenores.
    3. Ahora la mandarina tiene un poder mágico, puede fluctuar en el aire. Mentalmente déjala frente a ti. Aleja tus manos y mira cómo se queda frente a tus ojos sin caerse. Fíjate hasta en el movimiento más imperceptible. Hazlo de tal forma que se quede inmóvil frente a ti, suspendida en el aire.
    4. Ha llegado el momento de mover la mandarina. Manteniendo siempre los ojos cerrados visualiza que la mandarina empieza a levantarse lentamente e imagina que se posiciona exactamente detrás de tu cabeza. Déjala allí, parada, fluctuando en el aire.
    5. Lentamente imagínate que tu campo visual empieza a expandirse. Intenta abarcar con tu mente todo lo que te rodea, visualiza cada detalle y aprecia cómo te encuentras cada vez más tranquilo y relajado.
    6. Abre los ojos, y sin romper este estado de concentración empieza a estudiar.

¿La has probado?

Hazlo en un sitio cómodo, relájate pero sin dormirte. Lo importante es que te enfoques en visualizar con precisión cada uno de los pasos y detalles, tómate tu tiempo

Al principio tendrás que pensar en cada uno de los pasos, pero al igual que ocurre en el deporte, la práctica será tu mejor aliada, así que practícala antes de cada sesión de estudio, antes de una conferencia y, por qué no, antes de alguna competición hasta que sea un proceso automático.

Desde ahora puedes empezar a generar cambios en tu estudio y por tanto en todas las otras áreas de tu vida, ahora sabes que hay otro camino, la cuestión es ante un cruce de caminos ¿elegirás aquel desconocido pero desafiante que te lleva a conseguir aquello que añoras o te conformarás con los resultados de siempre?

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