Empieza el año y con él los desafíos de los nuevos propósitos. Es hora de poner en práctica esa lista de objetivos que todos escribimos en Nochevieja, expectantes ante las sorpresas y oportunidades que un nuevo año puede deparar. 

Entre los propósitos más recurrentes están los relacionados con el físico, un cuerpo musculoso o fibroso, comer mejor, cuidar más las relaciones con las personas, hacer nuevos amigos, viajar más, desconectar, tiempo para leer, aprender idiomas… y no podía faltar el más repetido por los estudiantes: aprobarlo todo y no volver a apurar el tiempo para preparar los exámenes. 

La proactividad es una característica importante que nos permite conquistar nuevos retos y superar la tentación de dejarlo todo para “mañana”. Sin embargo, no siempre es suficiente tener una buena actitud, se necesitan estrategias y herramientas prácticas que permitan a los estudiantes enfrentarse al contenido de sus libros y apuntes en su día a día, superando las dificultades y obstáculos más comunes, como el olvido, la falta de comprensión, la incertidumbre y el aburrimiento. 

Mientras que todas las personas son capaces de aprender diferentes destrezas y conocimientos a lo largo de su vida, no todos saben cómo hacerlo de forma rápida y eficaz a partir de sus propias habilidades y condiciones. De ahí que el término “aprender a aprender” se haya convertido en un imperativo en una sociedad en constante evolución y transformación. 

Para aprender a aprender estudiando no basta con sentarse en el escritorio, abrir el libro y empezar a leer, se necesitan estrategias, como las cinco que se presentan a continuación:

  1. Repasar para tener más tiempo libre. Cuando terminas de estudiar, antes de cerrar el libro, dedica unos minutos más para hacer un repaso de todo lo que has estudiado durante ese día. Eso te permitirá interiorizar la información y consolidarla de forma más duradera en la memoria, a la vez que notarás un aumento en el nivel de comprensión. El repaso también aplica cuando retomas el estudio de un tema. Haciéndolo también ahorrarás muchísimo tiempo y evitarás los constantes retrocesos en la lectura.
  2. Pausas, sí. Cuando llega ese momento en el que el texto se ha convertido en un somnífero es porque tu concentración y atención te han abandonado, lo cual significa que es hora de hacer una pausa. Las pausas son necesarias y deberían ser obligatorias si aspiras a mantener un buen ritmo de estudio y ser más productivo. Eso sí, hay que hacerlas de forma inteligente. Las pausas tipo siesta no están incluidas. La pausa sirve para reactivarte, haz alguna actividad dinámica, bebe agua, despeja la mente, levántate del escritorio y sal a dar una vuelta… activar tu físico volverá a activar tu mente y te devolverá a un estado de concentración y atención óptimo para retomar el estudio.
  3. Recopila información. Si conoces alguien que ya ha hecho ese examen y ha obtenido el resultado que a ti te gustaría, habla con esa persona. Puedes preguntarle cómo lo ha hecho, pero sobre todo te servirá recopilar información sobre el tipo de preguntas que podrías encontrarte, la dificultad de las mismas, el nivel de detalle, qué temas suele tratar más y cuáles menos… todo aquello que te sea útil para preparar a consciencia el estudio. Esto te permitirá sentirte más seguro y preparado cuando llegarás al examen, porque será como si ya lo hubieras hecho.
  4. Comprensión y éxito. La comprensión es la base de un buen estudio y de un gran resultado. Si suele ocurrirte que cuando te encuentras delante de un texto no consigues seguir el hilo o sientes que te faltan trozos de información, puede deberse a que hay algunos conceptos básicos que todavía no has interiorizado. En este caso, recomiendo buscar el glosario de la carrera y aprender los términos básicos que servirán de iceberg sobre el cual construir el resto del conocimiento. Aumentarás notablemente tu comprensión y dejarás de sentirte perdido mientras lees. 
  5. El pasado no refleja el futuro. Si hasta ahora no has obtenido los resultados que te gustaría, no significa que ese sea tu destino y que esos serán los resultados que obtendrás durante toda la carrera. Los resultados no dependen de las capacidades, dependen del método que utilizan, de cómo hacen las cosas y se aproximan a sus objetivos. No es lo mismo clavar un clavo con un martillo que hacerlo con una pluma; en función de la herramienta utilizada el resultado cambia drásticamente. Lo mismo ocurre en el estudio, si hasta ahora no te has sentido satisfecho por los resultados que has obtenido, no es motivo para desanimarte porque no tiene nada que ver con tus capacidades o inteligencia, sino con las herramientas que estás utilizando. Es importante encontrar las herramientas más adecuadas para cada persona. 

Cuando se habla de estudiar una carrera, en realidad no se trata solo de aprobar exámenes, una trampa en la que solemos caer a menudo, sino que se trata de convertirse en un profesional preparado que quizás cree grandes avances y mejoras para todos. No hay que estudiar para aprobar, sino para aprender, aunque lo segundo suele conducir a lo primero.

Giacomo Navone

CEO y creador de Curso Genius