LOS 6 MITOS DEL ESTUDIO

Descubre los mitos que te están impidiendo conseguir los resultados que quieres y despídete de ellos.

Dice el dicho que “a quien madruga Dios le ayuda”, por eso, aunque estemos en la mitad del verano y probablemente estés tumbado en alguna playa disfrutando del sol y ni siquiera se te hayan pasado por la cabeza los libros, no es un secreto que en algún momento llegará de nuevo septiembre y el momento de despertar del sueño de las vacaciones de verano. 

No es mi intención ser un aguafiestas, al contrario, quiero ayudarte para que este curso te olvides del estrés y los agobios de última hora y no tengas que renunciar a nada por estar estudiando.

Para ayudarte, queremos aclarar de una vez por todas cuáles son los 6 mitos más difundidos sobre el estudio y, sobretodo, qué hacer para cambiarlos y eliminarlos definitivamente de tu rutina:

El mundo del estudio que tan bien conoces, es un territorio lleno de ideas confusas mezcladas con algunos mitos difíciles de desterrar y en los peores momentos siempre puedes recurrir a internet o a los libros para buscar información sobre cuál es la mejor estrategia para estudiar, pero dentro de un mar de información es realmente difícil encontrar una respuesta útil.

Total, que después de haber navegado por varias páginas y solo haber conseguido liarte un poco más terminas recurriendo a la misma estrategia de siempre. 

¿Te gustaría empezar el año con nuevas estrategias, desmintiendo de una vez por todas los mitos que hasta hoy te han hecho sudar la gota gorda antes de cada examen y perder un montón de tiempo?

Te presento los 6 mitos del estudio:

1.Leer y repetir es útil.

Una de las estrategias de estudio más utilizados es releer varias veces los apuntes o los libros, esperando que con cada lectura se produzca el milagro de recordar más cosas. 

No obstante es así como te han enseñado a hacerlo, es hora de que sepas que existen innumerables estudios que demuestran lo inútil que resulta estudiar de esta manera. Leer y repetir es la vía más rápida… hacia el fracaso. 

Henry Roediger y Mark McDaniel, dos psicólogos de Washington University que llevan ocupándose del aprendizaje y la memoria durante muchos años, han tomado como ejemplo los estudiantes de su universidad, y han concluido que quien relee una segunda o tercera vez un texto no aumenta su conocimiento respecto al acumulado después de la primera lectura. 

La razón es bastante simple: cuando relees un texto que ya has leído y releído varias veces tu cerebro entra en standby, en letargo, y empieza a decirse cosas como:

“Esto ya lo se”, “vamos para delante” o “¡ Esto ya lo hemos leído!”

Por este motivo la segunda lectura suele ser mucho más superficial, se saltan párrafos, líneas e ideas, se releen por encima los conceptos importantes y los recuadros pensando que son lo más importante creando la falsa ilusión de tenerlo todo claro, de estar súper preparado, cuando la verdad es que en la mente vagan, tristes y solitarios, como asteroides en la galaxia, trozos de información prácticamente inútiles y desconectados entre sí. 

2. Subrayar ayuda a permanecer concentrado. 

En el 2013 el profesor John Dunlovsky de la Universidad de Kent ha llevado a cabo diversas investigaciones sobre el tema, sobre cómo funciona el aprendizaje y cómo aumentar su eficacia. En el estudio observó que los estudiantes esperan activar su memoria visual a través de los subrayadores de colores.

Esto puede funcionar cuando utilizas el marcador para resaltar una palabra por párrafo, pero una palabra no es suficiente si eres un subrayador profesional. 

Los subrayadores profesionales son aquellos que cuando empiezan a estudiar posicionan todos los subrayadores de colores a un lado de la mesa, listos para desenfundarlos y empezar a crear su obra de arte. Empiezan subrayando una palabra, que después se convierte en una frase, en un párrafo, en dos y al final en toda la hoja. Eso sí, todo con diferentes colores y su correspondiente leyenda en el margen de la hoja y dejando comas y preposiciones en blanco (solo cuando no son estrictamente necesarias). 

Al final te encuentras con una hoja que antes era blanca ahora es de colores, es decir, estás igual que al principio. 

A nuestro cerebro le gustan los colores, lo entretienen y despierta su lado creativo, por eso cuando lees y subrayas a la vez tienes la sensación de estar mas concentrado, pero es solo una ilusión. En realidad no aumentas tu concentración simplemente aumenta tu nivel de activación gracias al estímulo de los colores, es decir, evita que te duermas. 

Concentración y activación son muy diferentes, y aunque la activación puede ayudarte a empezar a estudiar la concentración es lo que realmente marca la diferencia en el aprendizaje y el recuerdo de la información.  

Además, solo por el hecho de subrayar no recordarás lo que quieres a largo plazo, y al igual que ocurre con la relectura tu cerebro entra en letargo, es decir, te hace tener la falsa convicción de haber entendido todo solo por el hecho de verlo todo lleno de colores. 

3. Hacerse preguntas mientras estudias es una pérdida de tiempo. 

Después de haber leído y releído varias veces la misma cosa estoy seguro de que ya estarás suficientemente aburrido. 

Una manera mucho más entretenida de estudiar es hacerse preguntas sobre aquello que has leído durante la primera lectura.

Las preguntas no tienen que estar necesariamente escritas en el texto sino que las puedes inventar. Se trata de que formules hipótesis sobre la información que encuentras de modo que a medida que avances con la lectura puedas encontrar las respuestas. 

Hacerse preguntas también es muy útil para verificar qué es lo que has entendido y activar tus conocimientos previos sobre ese tema. 

Las mejores preguntas son aquellas que buscan respuestas elaboradas, por ejemplo, la causa de un evento histórico, el paralelismo entre una corriente entre una corriente literaria y otra o cómo cambiaría el universo si una fórmula de física tuviera un “+” donde hay un “-“. 

Invertir un poco de tiempo al comienzo de la lectura para crear hipótesis te hará ahorrar un montón de tiempo después, porque no tendrás que volver a leer dos o tres veces la misma información. 

4. Es mejor estudiar en casa. 

El mito dice que para un mejor aprendizaje tienes que encerrarte en una habitación en sepulcral silencio. En cambio, las evidencias sugieren que conviene cambiar de vez en cuando el lugar donde estudias porque los cambios estimulan al cerebro. Cuando cambias de lugar tu cerebro puede asociar la información a ese lugar, haciendo más sencillo el proceso cognitivo que permite recordar la información. Es un proceso totalmente involuntario pero enormemente eficaz. 

Tal como han demostrado diversos estudios y como cuenta Joshua Foer acerca del uso de la memoria, nuestra mente funciona a través de asociaciones visuales y espaciales, a menudo puede recordar el contenido de una conversación, de una llamada o de una noticia recibida cuando la relaciona con el lugar donde se encontraba. 

Si te pasas cuatro años encerrado en el cubículo oscuro de tu habitación es mucho más difícil que tu mente esté estimulada para crear nuevas conexiones. 

5. El estudio masivo te permite recuperar tu precioso tiempo. 

La pregunta más recurrente y a la vez la más esquivada es aquella de «cuánto tiempo hay que estudiar para aprender y recordar todo lo que tengo que saber”.

La mayoría de estudiantes no quiere saber la respuesta temiendo que la cantidad de horas necesarias supere las que tienen disponibles o las que están dispuestos a invertir en el estudio. 

Por eso antes de empezar te hago una pregunta, lo que estás leyendo ¿te servirá para el futuro o solo te sirve para un examen y no volverás a estudiarlo nunca más en la vida? 

En el primer caso es necesario un tipo de estudio, con sesiones más breves y dejando pasar un poco de tiempo entre sesión y sesión. En el segundo caso puede funcionar la megamaratón que sueles hacer los tres días antes. 

Para que tu cerebro entienda mejor la información importante es muy aconsejable que le cuentes a alguien lo que has aprendido, sí, el antiguo consejo de la profesora de primaria de repetirle lo que sabes a tu hermano pequeño o a tu abuela es una óptima manera de reforzarlo en tu propia memoria. 

Como buenos seres sociales que somos, compartir nuestros conocimientos con los demás nos permite consolidarlos y asimilarlos mejor porque estamos contribuyendo al conocimiento de otra persona, lo cual para nuestro cerebro (y nuestro corazón) es enormemente gratificante. 

Respecto al tiempo, lo más aconsejable es usar una técnica de estudio fragmentado, es decir, aumentar las sesiones de estudio y reducir su duración, tal y como se hace cuando riegas el jardín, puedes hacerlo una vez a la semana durante 90 minutos o media hora tres veces a la semana y conseguir un mejor resultado. 

6. Y por último: Hay un método de estudio universalmente válido que funciona para todos por igual. 

Para que funcione, tu método de estudio tiene que ser personalizado, es decir, tiene que basarse en tus características y necesidades. 

Piénsalo con respecto a la alimentación y el deporte: cada uno de nosotros obtiene resultados diferentes y tiene que seguir diferentes metodologías para conseguir sus objetivos. 

Si todos siguiéramos la misma e idéntica dieta por un mes, al final de los 30 días todos habremos perdido peso, pero de forma diferente. 

Si nos entrenamos juntos durante el mismo tiempo, haciendo los mismos e idénticos ejercicios, al final del periodo de entrenamiento no habremos mejorado de la misma manera. 

Eso se debe a que cada uno tiene unas necesidades específicas de alimentación y ejercicio en base a sus características. 

Con respecto al estudio funciona de la misma manera. Quizás tú tengas una mente más “analítica” y estás más inclinado hacia un estudio basado en la lógica y el análisis, mientras que otra persona puede tener una mente más creativa que sigue a la intuición y que encuentra más dificultades en el análisis lógico. 

Como sostiene el psicólogo estadounidense Howard Gardner, profesor de psicología de Harvard, existen diferentes tipos de inteligencia que predisponen hacia un determinado tipo de aprendizaje. 

Esta es la razón por la cual siempre has creído que no estabas hecho para algunas asignaturas: simplemente porque el método que has utilizado para estudiar no está alineado con tu tipo de inteligencia. 

Si nadie hasta ahora te ha enseñado qué es o en qué consiste un método de estudio que se adapte perfectamente a ti, a tu tiempo, tus características, tu tipo inteligencia o tus intereses…

Que te permita estudiar en 1 hora lo que normalmente tardarías 8, mejorar tus notas y aprender de forma fácil y rápida sin aburrirte… 

Es hora de que rompas este mito y conozcas una nueva manera de aprender gracias a la aplicación de un método diferente. 

¡Conócelo!


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