Es demasiado típico, casi un cliché, en la noche buena ponerse a pensar en todos los nuevos y entusiasmares propósitos del próximo año. 

Demasiado fácil esperar que cuando cambiamos el número en el calendario se despierten en nosotros esas energías que nos lleven a cumplir con todo lo que nos propongamos sin volver a posponerlo. 

Entre los propósitos más demandados están los relacionados con el físico, un cuerpo musculoso o fribrado, comer mejor, cuidar más las relaciones con las personas, hacer nuevos amigos, viajar más, desconectar, tiempo para leer, aprender idiomas y no podía faltar el más repetido por los estudiantes: aprobarlo todo y preparar las próximas asignaturas con antelación. 

Nos encantan todos y cada uno de estos objetivos, sobretodo porque un objetivo te ayuda a marcar una dirección hacia la cual quieres encaminarte, es como una brújula. 

La parte de pensar en nuevos objetivos es, sin duda, la parte más sencilla porque es el momento en el que te enfocas en todo lo que conseguirás, en el resultado, en la meta, en cómo sería tu vida si ya lo hubieras logrado, y esa es la mentalidad perfecta para poder empezar, cuando estás completamente inmerso en todo lo positivo que tiene. 

Y es allí donde la mayoría se pierden. 

 

Cuando te marcas un objetivo es un poco como cuando estás enamorado: tienes ganas de empezar, todo te parece perfecto, piensas en ello todo el día y sientes que nada ni nadie puede apartarte de esa idea. 

 

Pero hay veces que también el enamoramiento se acaba…

¿Te has desenamorado de alguno de los objetivos que te has marcado?

No siempre es fácil seguir adelante cuando las cosas empiezan a ponerse difíciles o no salen como te gustaría, esta es la razón por la cual después de algunos baches empiezas a aburrirte y a perder la ilusión hasta que finalmente, después de no haber conseguido ningún resultado, acabas abandonándolo. 

Los objetivos son una llama que hay que alimentar, no se mantienen solos, los avivan las acciones y la constancia en dar pequeños pasos para conseguir pequeños resultados que acaban haciéndolo realidad.

Un objetivo se compone de muchos microobjetivos: es como escalar una montaña, no puedes pretender llegar hasta la cima en tan solo un día sino que se necesita avanzar paulatinamente teniendo en cuenta que cuanto más grande sea la montaña más tiempo tardarás en escalarla. 

 

No todos lo consiguen, las grandes cimas no son para todos, esa es la razón por la cual los gimnasios están llenos en enero pero poco a poco vuelven a vaciarse.

 

La razón es que la mayoría de personas piensan en la cima, en llegar, pero no se molestan en crear un plan con la ruta que seguirán, qué necesitarán para alcanzarla, qué tipo de entrenamiento es el mejor para ese tipo de caminos… 

Si realmente quieres convertir en realidad tus objetivos tienes que tener en cuenta una serie de cosas, empezando por crear un buen objetivo, ¿cómo se hace? Sabiendo cuáles son sus características:

  • Concreto: No hay nada más concreto para medir algo que los números. Tu objetivo tiene que ser lo más concreto posible, por ejemplo: este año quiero entrenar para pesar X kg, con un índice de masa muscular Z y un nivel de grasa Y. 
  • Realizable: Tiene que ser algo posible y alcanzable, para el ejemplo anterior sería conseguirlo en X meses, mientras que no realizable sería pretender pasar de un estado físico 0 a otro 10 en tan solo un mes. 
  • Motivante: Si no te motiva no es un buen objetivo porque cuando tendrás que levantarte de la cama cada día para ir a conseguirlo no obstante llueva o nieve, necesitarás tener una buena razón, de lo contrario apagarás el despertador y seguirás durmiendo. En el ejemplo anterior tener un tipo de físico y verte de una cierta manera puede motivarte. 
  • Fecha de caducidad: Un objetivo no puede ser eterno, tiene que tener una caducidad con fecha y hora compresa. Por ejemplo: el día X del mes X habré conseguido ganar/perder Z kg 
  • Compartible: Cuando compartes un objetivo creas un compromiso directo no solo con la otra persona, sino sobretodo contigo mismo que sabes que habiendo dado tu palabra no tienes otra opción que conseguirlo. 

Antes de seguir leyendo, coge una hoja y escribe tus objetivos aplicando estas características. 

Ahora que lo tienes lo único que te falta es un plan de acción para cumplirlos, porque ahora estás viendo la cima y sabes que quieres llegar hasta allí, pero sin el equipamiento adecuado es bastante improbable que consigas escalar la montaña. 

Como decíamos, un objetivo está compuesto de pequeños steps, es decir, microobjetivos que nos acercan al final. 

Si te estás preguntando por qué tienes que ir poco a poco en lugar de lanzarte con los arneses y empezar a escalar, piensa en todas esas veces que has estudiado para tus exámenes apenas habías empezado el trimestre. 

El objetivo lo tenías claro, cómo hacer para llevarlo al día sin estresarte, no tanto.

Los microobjetivos tienen las mismas características que un objetivo, son tan importantes porque son los que te permiten llegar hasta el final sin aburrirte, sin entrar en la monotonía, son los que hacen que cuando llega un obstáculo puedas saltarlo y seguir adelante. Forman parte del plan de acción y sin ellos seguramente volverás a encontrarte en mayo con los libros todavía sin abrir. 

No hay nada más frustrante que no lograr lo que te propones, pero sin un plan ese es el resultado que conseguirás.

 

Un buen plan es lo que hace que sigas estando enamorado, que luches cada día, que tengas ganas y te esfuerces para llegar a conquistar la cima de tu montaña y se crea marcándote microobjetivos que te den microresultados con los cuales te sientas cada día un poco más cerca de tu meta.

 

Cuando cada día te enfocas en lo que quieres conseguir y haces pequeñas acciones que te hacen probar el sabor de estar realizándolo te sentirás mucho más satisfecho, y sobretodo dejarás de perder tiempo. 

Una de las mayores causas de la pérdida del tiempo es no tener claro qué, cómo ni cuándo hacer algo, así que si lo pones en práctica puedes prepararte a ser más productivo. 

¿Pero cuál es el mejor plan para no volver a encontrarte estudiando todo al último minuto?

Necesitas una estrategia para que el estudio no te aburra ni te consuma horas y horas de tiempo para conseguir un resultado que tampoco te satisface. Una manera de estudiar más rápidamente, recordándolo todo a largo plazo, sintiendo que lo que estudias lo estás aprendiendo de verdad y no solo metiéndolo en el cajón de tu memoria a corto plazo para aprobar un examen más. 

De lo contrario, tu subconsciente ya sabe que este año no será diferente del anterior, que seguirás posponiendo el estudio todo lo que puedas porque te aburre demasiado y no te acordarás de nada cuando llegarán los exámenes. 

Y tienes razón, porque si haces lo mismo que has hecho hasta ahora, si no cambias el plan y te marcas nuevos microobjetivos, no conseguirás nada diferente. En el estudio y en todo lo demás. 

 

¿Te gustaría realmente vivir un año diferente? ¿Estás dispuesto a experimentar cosas nuevas y atreverte a cambiar los hábitos que no te han dado resultados? 

 

Y si el resultado fuera estudiar tres veces más rápido, ser capaz de aprender cualquier tipo de información sin esfuerzo y sin estrés, con la seguridad de que todo se quedará perfectamente guardado en tu memoria sin que tengas que volver a repetir la misma información cientos de veces…

Y si el resultado fuera conseguir finalmente todos y cada uno de los objetivos en los que has pensado… 

Hacer del 2020 un año increíble depende de lo que decides ahora, de la respuesta que te has dado a esas preguntas y de empezar a hacer algo diferente. 

Si ya has decidido que este es TU año, ven a conocer una manera revolucionaria, totalmente nueva de estudiar que aumentará tus resultados académicos y sobretodo, te permitirá tener mucho más tiempo para que consigas todos los otros objetivos que habías escrito en tu lista. 

¿Estás preparado para vivir un año extraordinario? 

Nosotros sí. Empieza la cuenta atrás. 

Feliz año.